Cómo, que ha pasado un mes?

Pues sí, se dice pronto, pero ya ha pasado un mes. Recuerdo perfectamente esa sensación de tener un nudo en el estómago; uno de esos nudos marineros que por más que te intentes convencer de que todo irá bien sigue sin desatarse. Oh sí, lo recuerdo perfectamente: los nervios a flor de piel, la inseguridad por saber si encajarás, si harás amigos, si te llevarás bien con tus compañeras de piso... Fue como volver a tener dieciséis años, volver a tener las mismas incertidumbres que cuando me fui a Estados Unidos. Supongo que no importa cuán mayor se haga uno, las incertezas y las inseguridades seguirán quitándole a una el hambre y el sueño. 

Por muy desagradables que sean esas sensaciones, forman parte de la aventura y por ello me gusta recordarlas con cariño. ¿Dónde estaría sino la gracia de irse a vivir lejos si fuese sencillo dejarlo todo e irse? ¿Sería una aventura si tuvieses la certeza de que todo irá sobre ruedas? Yo creo que no, por eso mi consejo es que disfrutemos también de los momentos tristes o incómodos; forman parte de cualquier aventura, experiencia o momento de nuestra vida y creo que nos ayudan a darnos cuenta de las cosas realmente importantes para uno mismo.


Dejemos el pasado atrás y hablemos del presente. Sí, llevo aquí un mes pero me da la sensación de que ha pasado mucho más tiempo. Es una de las ventajas que tiene estar en una universidad pequeña en un pueblo pequeño perdido en medio de Canadá (más bien en una esquinita pero bueno). Después de pasar tres años en Barcelona, sienta bien pasar algún tiempo en un lugar tan pequeño. Para que os hagáis una idea, la Universidad Autónoma de Barcelona donde yo estudiaba tiene 30.000 estudiantes, mientras que en Bishop´s apenas llegamos a los 3.000; es decir, un 90% menos de estudiantes.

Evidentemente todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Supongo que si llevas cuatro años en un sitio tan pequeño estarás cansado de ver siempre las mismas caras, pero a mí me encanta ir de camino a la universidad y que todo el mundo te salude y te dé los buenos días. Al ser tan poco estudiantes en seguida te empiezan a sonar las caras, aunque no vayan en tu clase. Además siempre están organizando actividades y fiestas (no os vayáis a pensar que todo acaba la Frosh Week), todo el mundo está en al menos dos o tres clubs diferentes y por si fuera poco la mayoría vivimos en la misma calle. 

Otro ejemplo, para que os hagáis aún más idea de lo pronto que se conoce aquí a la gente. El fin de semana pasado un grupo de estudiantes organizaron una excursión gratuita a Mont Pinacle, al ladito de la frontera con Estados Unidos. Allí estaba yo, sentada en el bus, medio dormida, cuando escucho a una de las chicas que organizaban el evento hablar de la dirección donde vivo. Y como no me puedo estar callada y tampoco pensar las cosas dos veces antes de hablar, le pregunté que pasaba con esa dirección. Su respuesta me dejó descolocada totalmente: "Vivo allí", me dijo. A lo cual yo respondí: "Hemm... nooo, yo vivo en ese mismo apartamento, solo somos tres y tú no vives con nosotras..."

Pues resulta que esta chica había estado hablando con mis compañeras para mudarse a la habitación que quedaba libre, y aunque todavía no había hecho la mudanza ya estaba todo decidido y los papeles firmados. Nos reímos mucho de lo absurdo de la situación y nos pasamos toda la caminata hablando de cosas que podiamos hacer en el piso, cosas que podiamos hacer las cuatro juntas, de nuestros vecinos... Así de pequeño es el mundo, sobre todo Lennoxville. 


No sé si es por el hecho de estar en una universidad tan enana o que los canadienses son por naturaleza amables y cordiales; o tal vez sea una mezcla de ambos; pero el caso es que a pesar de llevar solo un mes ya me siento como si formase parte de esto desde hace tiempo. Por que una cosa es tá clara: sabes que te has adaptado cuando empiezas a entender de quien hablan los cotilleos, y aquí la variedad de personajes no es muy amplia, así que juego con ventaja. 

Puede que estas fotos os resultarán familiares, tal vez la niebla no os deje apreciar el bonito paisaje de la Costa de la Morte, en Galicia. Fui con mis padres poco antes de irme; tanto mi madre como yo habíamos querido ir siempre a ver esta zona así que cogimos el coche y allá nos fuimos. Había niebla, mucha niebla, así que nos llevamos un gran chasco cuando llegamos porque no podiamos ver un burro a tres pasos. Menudo asco, tanto tiempo queriendo ir a la Costa de la Morte para encontrarte con que no puedes ver nada.

Y por qué os cuento esto? Pues por que es otro ejemplo de como sentimientos de desilusión, rabia y enfado se han convertido en uno de los recuerdos más bonitos de este verano. Puede que los planes no salgan como tu quieres, puede que te encuentres en situaciones que no te esperabas o que tu camino tome otras direcciones. El caso es que estás ahí, enfrontándote a los obstáculos que se interponen, y eso es lo bonito. No infravalores nunca un sentimiento de desilusión, de inseguridad o de morriña; por mucho que te disguste sigue siendo un recuerdo, y los recuerdos siempre son agradables.

Si la niebla no te deja disfrutar de la vista, disfruta de la niebla!




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