¿Eres un viajero hipócrita?




Hace dos días dio comienzo la Orientation-week, también llamada Frosh-Week. Tengo muuuchisimas cosas que contaros sobre esta semana, que estará cargada de fiestas, acitividades y conciertos, pero antes me gustaría reflexionar con vosotros sobre un tema que me parece crucial teniendo en cuenta que vivimos en un mundo tan internacionalmente conectado. 

El pasado domingo todos los "froshies" (estudiantes nuevos en la universidad) entramos en una sala de teatro que se encuentra en la propia universidad. En el escenario estaba nada más y nada menos que el propio director de la universidad para darnos la bienvenida. Entré en la sala pensando que nos daría la mítica charla de "no bebáis", "no consumais drogas", "estudiad", "mantened el campus limpio"... Pero no fue así. Sus palabras y sus actos calaron hondo.




Después de darnos la bienvenida a los 500 "froshies" y prometernos que tendríamos las mejores experiencias de nuestras vidas, pidió que se levantasen aquellos que hablasen más de un idioma. Todos estábamos en pie, ya que aquí en Canadá hablan francés e inglés. A continuación, pidió que se levantasen los que hablasen tres idiomas o más, con lo que aproximadamente la mitad nos quedamos en pie. Finalmente, pidió que las personas que hablasen 5 idiomas o más se pusiesen en pie y subiesen al escenario. Subieron unos 50 chicos y chicas; a los cuales pidió que dijesen, uno por uno, de donde eran y que idiomas hablaban. Los había que hablaban turco, árabe, mandarín, griego, japones, coreano, polaco; incluso un chico de sudáfrica que sabía 7 (SIETE!!!) lenguas nativas de su país, además de francés e inglés.

Yo, desde luego, me quedé asombrada. En seguida me vino a la cabeza un ejemplo estadístico de una de mis clases de la universidad (soy un poco friqui para estas cosas). Si en una muestra de 10 bolas, 3 son blancas, ¿cuantas bolas blancas habrá, aproximadamente, en una población de 100 bolas? Si en una muestra, de tan solo 500 estudiantes, hay 50 que hablan más de cinco idiomas, ¿cómo de preparada debe de estar la gente en el mundo laboral que nos espera a los jóvenes de hoy en día?

Estamos más conectados que nunca, podemos hablar con gente de la otra punta del mundo con tan solo pulsar el botón de llamada del skype. Podemos enviar tuits a políticos, músicos, actores y actrices. Estamos preparados, tenemos carreras, másters, idiomas y un gran currículum detrás. Pero, ¿estamos realmente preparados para una sociedad tan internacional?



A continuación fue diciendo una por una las provincias y territorios de Canadá, a lo que la gente se levantaba animada y gritaba cuando le correspondía. Pasó al resto de continente Americano, luego Europa, Asia, África y finalmente Oceanía. Pero faltaba algo, ¿hay alguién en la sala de Oriente Medio? Ante esta pregunta, dos chicos se levantaron, y el director les pidió amablemente que subiesen al escenario; tenían una historia que compartir.

Estos dos chicos eran refugiados, venían de Siria. La Universidad de Bishop´s, junto con el Gobierno de Canadá, habían creado un fondo de ayudas y becas para que pudiesen continuar sus estudios universitarios; interrumpidos por los inumerables atentados y ataques que azotan cada día sus hogares. Con un marcado acento extranjero y abrumados por la espectación del público, estos dos chicos encontraron las palabras para dar las gracias a todos los estudiantes por su gran acogida. Los aplausos comenzaron, más fuerte que nunca. Gritos, saltos, y hasta olas inundauron el teatro. Sin duda eran merecedores de la gran bienvenida.

Entonces pensé en España. No, no estamos preparados para este mundo.




¿Y por qué digo esto? No hace falta que pongamos el ejemplo de Siria, que desde luego no afecta solo a España, sino que es un problema mundial. Cada vez somos más las personas que viajamos. Nos movemos por el mundo sin necesidad de mucho dinero y nos encanta vivir aventuras. Queremos ver mundo, comernos el mundo! Y sin embargo, somos unos viajeros hipócritas.

En España contamos con un gran número de personas que vienen de países como Colombia, Cuba, Méjico o Marruecos. Quiero que penséis en la imagen que os viene a la cabeza cuando os hablo de personas de estos países. Seguramente, y aunque no quieras reconocelor, a tu mente viene la imagen de una persona de clase obrera-baja; quizás la imagen de un chico colombiano de barrio que siempre se mete en líos y en bandas; o la de una chica venezolana que se dedica a la limpieza y al cuidado de ancianos.

No pasa nada, no por pensar esto eres una mala persona. Existen gestos en la sociedad que provocan que asignemos este "patrón" o "imagen" cuando pensamos en personas procedentes de estos países. Por poner un ejemplo sencillo que tú mismo puedes comprobar, si entras en alguna página de anuncios y de ofertas de empleo, podrás ver que hay muchos anuncios que dicen lo siguiente: "se busca chica venezolana para el cuidado de niños".

Es importante que sepas que estos "patrones" de la sociedad no son reales, no representan la realidad  tan variada de un país.



¿A quién no le gustaría ir a una playa paradisíaca de Cuba? ¿O explorar la cultura y cocina mejicana? ¿Ir a Macchu Pichu, en Perú, quizás? Sin embargo, cuando a tu colegio llega un chico nuevo de Marruecos o a tu trabajo una chica colombiana, ¿haces algo por conocer un poco más sobre ellos y su cultura? ¿Le propones cocinar juntos un día para probar la comida típica de su país?¿Ver fotografías del lugar donde viven?

Somos viajeros hipócritas. Decimos que nos gusta viajar para descubrir otras culturas pero no aprovechamos las oportunidades que se nos presentan en nuestra propia ciudad. Una foto al lado de la Torre Eiffel o tumbados en la arena de la playa de Punta Cana consigue muchos más likes. 

Traquilos, no todo es negro ni malas críticas. Tengo la sensación de que la gente de esta generación tenemos unos prejuicios menos severos. Constantemente estamos en contacto con estudiantes de intercambio, organizamos fiestas y comidas con ellos; hablamos, quedamos, nos hacemos sus amigos... Existe ese extraña percepción o pensamiento social de que, si una persona de fuera viene aquí para estudiar, entonces hay que acogerlo con los brazos abiertos. Pero, ¿y si viene para trabajar? ¿Tenemos que tratarlo diferente?¿No están acaso tanto el trabajador como el estudiante, intentando buscarse un futuro mejor?

Aquí, en esta pequeña comunidad de Bishop´s hay muchos estudiantes de intercambio de un amplio abanico de nacionalidades. El otro día estuve tomando unas cañas en casa de mi vecino, que es mejicano, y comenzamos a hablar de viajes e intercambios que habiamos hecho. Me contó que había ido un verano a trabajar a Barcelona, como camarero de una cafeteria, y que no había hecho ni un solo amigo español. No supo explicarme el porqué, dijo que tal vez estuviese en la mirada de la gente o en el tono de voz cuando hablaban con él; pero se sentía rechazado por nuestra sociedad. La casera del piso donde vivía lo trataba como si fuese un estafador, los vecinos en el ascensor lo saludaban con un áspero "buenos días" y a menudo en el trabajo escuchaba que se referían a él como "el sudamericano este" o "el panchito este".

Sin embargo, me contó que cuando estuvo de intercambio de estudios en la República Checa se hizo muy amigo de dos chicos españoles, con los cuales todavía mantiene la relación. Estos chicos hicieron que cambiase la opinión tan mala que sobre los españoles ya que lo trataban como uno más.

Seguramente ahora estés leyendo esto y diciendo "Nooo, eso es exagerado, yo no soy así", pero sabes que en el fondo a tu cabeza viene la imagen de una chica ecuatoriana limpiando las escaleras de tu piso. La habrás visto muchas veces a lo largo de tu vida y ni te abrás inmutado. Simplemente está ahí, haciendo su trabajo, trabajando para ti, para que las escaleras estén limpias.

Espero que después de leer este post cambie tu visión acerca de los inmigrantes, acerca de esa chica. Espero que la saludes con un agradable "buenos días", que te pares a hablar del tiempo con ella como haces con todos los vecinos. Espero que sepas que puedes aprender sobre su cultura a través de ella casi tanto como pudieses aprender si viajases a Ecuador.

Quiero, que cuando te vuelva a pedir que pienses en una chica de Ecuador te acuerdes de ella con cariño y no con desprecio o indiferencia. Quiero que a tu cabeza venga la imagen de una chica que limpia escaleras, pero también la de una profesora, madre, directora de empresa o enfermera. Quiero que dejes de asociar adjetivos peyorativos a ciertas profesiones o nacionalidades.

Quiero que dejes de ser un viajero hipócrita.


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