Cuando una extranjera intenta hacer de guía turística



El mes de octubre estuvo cargado de viajes y eventos en la universidad. Ha sido un mes de no parar, tanto a nivel académico como personal. Incluso a nivel del blog ha habido mucho trabajo, ya que estoy colaborando con el blog de FSL, para el cual escribiré una serie de artículos. FSL es una empresa española que organiza estancias en el extranjero para todas las edades. Si estáis pensando en estudiar fuera os recomiendo que le echéis un vistazo a su página pinchando aquí. Tienen programas muy interesantes, no solo para estudiar fuera sino también para trabajar o hacer prácticas en el extranjero. 

Una de las cosas que más me gustan de Canadá es que tengo los fines de semana libres, y eso es algo que no tenía desde hace ya casi tres años, cuando comencé la carrera. Muchos pensaréis que es una tontería, pero es que en mi carrera teniamos exámenes cada viernes, prácticas de laboratorio casi todas las tardes, entrega de trabajos y problemas cada semana... Una locura.

Creo que el hecho de tener por fin tiempo libre para hacer otras cosas que no fuesen solo de clase me hizo volverme un poco loca y apuntarme a un montón de clubs y actividades, con lo que al final volví a lo mismo de antes: todos los fines de semana ocupados.






El fin de semana después de mi viaje a Boston vino mi amiga americana Sarah, aprovechando que en Estados Unidos tienen una semana libre en otoño. Fui a buscarla a Montreal y, ya que estábamos allí, nos quedamos un día más para enseñarle la ciudad. Fuimos por el barrio chino (Quartier Chinois), en el cual yo ya había estado en mi anterior visita, pero también aprovechamos para visitar sitios nuevos. 

Como llovía mucho, decidimos ir a un sitio que nos permitiese ver cosas a la vez que estar resguardadas de la lluvia. La solución era obvia: el Museo de las Bellas Artes de Montreal. Me encantan los museos de arte y siempre que visito una ciudad intento ir al menos a uno. En el de Montreal había una exposición temporal del famoso pintor y cartelista Henri de Toulouse- Latrec. Puede que este nombre no os suene, pero estoy segura de que os sonarán algunas de sus obras más famosas.


Como ya lo habréis notado, soy un poco friqui y me encanta aprender cosas curiosas allá donde voy. Pero hay algo que me gusta todavía más, compartirlas con los que me leéis (lo siento por vosotros). Así que me gustaría contaros como descubrí yo a este pintor, que por sorprendente que parezca fue en una de mis clases de Genética. Resulta que Toulouse- Lautrec era hijo de nobles, que como ya sabéis solían casarse entre parientes. Como resultado de la endogamia, el pobre artista nació con una enfermedad de origen genético llamada picnodisostosis, que afecta al crecimiento de los huesos. Tan solo hay 50 casos en todo el mundo y quienes la padecen tienen estatura baja y fracturas óseas muy frecuentes. Esto, unido a la depresión y al alcoholismo, hizo que falleciese con tan solo 36 años.




Nunca he sido muy fan de la escultura, pero esta es desde luego una de las obras más impresionantes que he visto. No solo es extremadamente realista y cuidadosa con los detalles, sino que también tiene un mensaje claro e importante. Sarah y yo intentamos discutir y darle significado antes de leer el cartelito explicativo y nos asombramos mucho al ver que lo que habíamos pensado es exactamente lo que el autor quería transmitir.

"Homo homini lupus" (El hombre es un lobo para el hombre) es una buena manera de definir esta escultura. Cuando no nos ayudamos unos a otros, nos volvemos egoístas y nos preocupamos tan solo por alimentar nuestra riqueza; volvemos a la forma más básica, grotesca y salvaje de nuestra existencia. Y en ese estado ancestral animal, el pequeño se vuelve ferozmente contra el grande, demostrando que para vivir en armonía y sobrevivir, no podemos estar unos por encima de los otros.

Podría haberme quedado horas mirando aquella escultura, cada detalle, cada arruga en la piel... Pero había que continuar, Montreal todavía tenía mucho que ofrecer!



Montreal tiene ese aire parisino influenciado por las colonias francesas que estuvieron aquí durante mucho tiempo. Por ello no podía faltar una réplica de la joya más preciada de los franceses: la basílica de Notre-Dame. El exterior no tiene nada que ver con la de París, en este caso la fachada es mucho más austera; pero una vez entras al interior se te queda la boca abierta. La entrada cuesta 5$ pero merece la pena e incluye un tour guiado. Y aquí va el dato curioso de la visita: el arquitecto que la diseñó (O´Donell) ni era católico ni se inspiró en la catedral de Notre-Dam de París.

Lo cierto es que era protestante y se inspiró en la Sainte Chapelle de París. pero para solucionarlo se convirtió al catolicismo y le puso el nombre de Notre Dome. Según él, se hizo católico porque su obra era una señal de Dios. Señal o no; católico, protestante o ateo; lo cierto es que realizó un trabajo verdaderamente impresionante.







Después de la corta visita a Montreal, tocaba volver a Lennoxville. La semana fué un poco caótica (tenía dos exámenes de Neuropsycología) pero aún así pudimos hacer alguna cosa interesante por los alrededores del campus. El martes me aproveché de las buenas aptitudes para la cocina de Sarah y nos pasamos la tarde "haciendo" lasaña. Sí, digo "haciendo" porque yo simplemente me limité a cortar y pelar las zanahorias. Tengo el curioso don de quemar casi todo aquello que intento cocinar, así que le dejé esa parte a Sarah. El resultado estaba para chuparse los dedos.

Invité a un par de amigos a cenar y luego fuimos al Lion, que es uno de los tres pubs de Lennoxville. Cada martes organizan una "Acustic Night", donde una banda de la zona viene a cantar canciones en directo. Todo así muy chill-out y relajado en un bar al más puro estilo irlandés. Como cada martes, aquello estaba lleno de estudiantes de Bishop´s, y como nos conocemos casi todos, al final acabamos juntando un montón de mesas para poder estar todos juntos.



Lennoxville es un pueblo muy pequeño, tan pequeño que tan solo tiene un cruce de carreteras y un supermercado. Después de ver todo el pueblo (que tardas 10 minutos a un ritmo lento) decidimos ir a la aventura y meternos por las callecitas de los barrios residenciales. Había casas antiguas de madera que juntos con los árboles otoñales daba una sensación de vivir en un cuento infantil. Encontramos una casa-museo que había pertenecido a una familia rica de la zona y decidimos visitarlo.

Mi sorpresa fue al ver en una de las estanterias, en un rincón allí abandonado y al lado de una biblia un ejemplar muy antiguo del famoso libro "Gray´s anatomy". Si soys fan de la famosa serie que lleva su nombre, House, los Simpsons o incluso Walking Dead seguro que lo habréis visto más de una vez, quizás sin daros cuenta. Este libro, escrito en 1860, sigue siendo un pilar para los estudiantes de medicina. Su autor, el pobre Henry Gray, murió con tan solo 34 años pero gracias a él y a su libro pudieron tener lugar numerosos avances en medicina.



Al día siguiente dimos un paseo precioso que rodea mi universidad y sí, sí, a 20 de octubre y con las piernas al aire. Parece ser que aquí el otoño es bastante cálido y que el frío de verdad llega al pasar las navidades. Intentaré hacer el máximo de cosas posibles antes de tener que invernar en mi casa y no poder salir por la nieve.

Al final hicimos bastantes cosas teniendo en cuenta que tuve que ocupar algunas horas para repasar y estudiar para mis dos exámenes. Por suerte aquí los profesores no van a pillarte, sino que lo que quieren es que aprendas; por lo que los exámenes no fueron muy difíciles. La visita de Sarah me hizo darme cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. Hace nada estaba yo descubriendo Lennoxville y ahora ya puedo hacer de guía turística a otros. Es curioso como antes no me imaginaba viviendo aquí y ahora ya no me imagino viviendo en ningún otro sitio. 



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