Desde el mundo para Galicia



¿Sabéis esa sensación que te inunda el cuerpo cuando te pasan cosas extrañas que te dejan la boca abierta? ¿Cosas que parecen conectar el mundo y su gente de la manera más inesperada? Si eres gallego y has viajado alguna vez, seguro que te ha pasado, porque vayas a donde vayas siempre te encontrarás con alguno (ya sabes eso que dicen, que hay un gallego hasta en la Luna). Al menos ese es mi caso, de hecho mis amigos/as están hartos de que me encuentre con alguno cuando hacemos algún viaje. 

Venir a Canadá no podía ser menos, y al segundo día de mi llegada ya había conocido a un semi-gallego. Y os preguntaréis, ¿pero cómo? La habitación que había alquilado no tenía muebles, tan siquiera cama, por lo que decidí comprarlos de segunda mano. Encontré un anuncio de una chica que vendía un colchón, somier, cabecero, mesa de estudio y silla; todo por 100$ (93euros), así que no dudé en ponerme en contacto con ella. Su padre tenía una furgoneta; entre los dos me trajeron los muebles a casa y me ayudaron a subirlos (un cuarto piso sin ascensor).

Después de subir todo, nos pusimo a hablar un rato, y ¡cómo no!, me preguntaron que de dónde era. El 99% de las personas a las que les digo que soy de España me responder con un "Ohh, sí, España, Madris, Barselona", así que cuan fue mi sorpresa cuando el padre de la chica, que se llama Callum, dijo: "Oh sí, España! Yo he estado muchas veces en un sitio que empieza por Ga..Ga..."

GALICIA!! Grité yo



No os podéis ni imaginar como me sentí en aquel momento. Prácticamente acababa de aterrizar en Canadá y ya había encontrado a una persona relacionada con mi tierra. Pero ahí no acababan las coincidencias. Resulta que Callum es un juez de muestras de ganado (de esos concursos de belleza para vacas, vamos) y había sido invitado varias veces a ver granjas de Galicia. Lo gracioso fue cuando le conté que yo había estado unos días en Xenética Fontao, que para quienes no los sepáis, es un centro de selección y reproducción vacuno situado en Lugo reconocido a nivel mundial. Sí, lo habéis entendido bien, me pasé unos días mirando como seleccionar toros y como obtener y "embotellar" su esperma.

Detalles a parte, resulta que Callum era buen amigo del director de este centro, al cual yo también conocía debido a mi fantástica experiencia veraniega con los espermatozoides de los toritos. Nos pasamos hablando un buen rato de apareamientos, selección genética y demás métodos para conseguir las mejores vacas lecheras; y al final, antes de despedirnos, me invitó a pasarme un día por su granja. 

Como ya sabréis, yo nunca digo que no, y menos a experiencias nuevas, por raras que puedan parecer. Así que hace dos semanas me llevó a su granja, situada en un pueblito cerca de aquí que se llama North Hatley. Y que decir, ¡menudas vistas! La casa y la granja se encontraban en el punto más alto de la montaña, por lo que se podía ver todo el lago Massawippi e incluso la frontera con Estados Unidos en el horizonte. 






Después de ver la granja fuimos a dar un paseo por North Hatley, que tiene un montón de historia pesar de ser un pueblito pequeño sin tan siquiera un supermercado. Según me contó Callum, gente adinerada que que quiere escapar del ajetreo de la ciudad se construye una casita aquí al pie del lago. Gente como un antiguo ex-ministro de Canada, la dueña de una mina de diamantes en África o un empresario de Arizona tienen aquí su segundo hogar (o puede que cuarto o quinto hogar). También cuenta con uno de los mejores hoteles del Este de Canadá, el Manoir Hovey; y como Callum es amigo del dueño nos dejaron entrar para que lo viese.

Ah! Y un dato curioso que se me olvidaba! North Hatley también ha sido escenario de la película "La ventana secreta", protagonizada nada más y nada menos que el famoso Johnny Depp.









Os he puesto fotos de la granja por dentro para que veáis lo cuidada que la tenían y porque no se puede ser más friki que yo. Los de la foto son Callum y su mujer. La pareja tiene dos hijas y un hijo. Los tres tienen su propia carrera pero para mis sorpresa, quieren quedarse en la granja. Y os digo sorpresa porque seguro que muchos de vosotros tenéis la misma idea equivocada que yo, que hoy en día no se puede "vivir comodamente y feliz" trabajando en una granja o que el trabajo de ganadero es muy esclavizado. 

Existe esa idea generalizada de que hay que huir del campo, estudiar una carrera y trabajar en una oficina como un funcionario del estado. Tener un sueldo bueno-medio, volver a casa cada día después de media jornada de trabajo y disfrutar de la rutina. Y si quieres "truinfar" y vivir del campo entonces tienes que invertir cientos de miles de euros, tener un tractor que parece un ferrari y renunciar a las vacaciones para el resto de tu vida.

Gracias a mi visita pude comprobar lo confundida que estaba. Como habéis visto, la granja de Callum era bastante simple. Además, viaja cada dos meses aproximandamente a muchos países diferentes para hacer de juez en competiciones y explicar como mantiene sus vacas en buenas condiciones y en pleno contacto con la naturaleza. Ha estado numerosas veces en Japón, Indonesia y Argentina, y entre sus lugares más visitados se encuentran Galicia y Asturias. Viaja, es feliz y disfruta del día a dia. 




Tal vez nuestro problema es que menospreciamos lo que tenemos. No sabemos disfrutar ni aprovechar lo que nuestra tierra nos ofrece; nos encanta compadecernos y quejarnos para luego no hacer nada. Sabemos que la riqueza de Galicia está en su tierra, pero aún así anspiramos a una vida acomodada de un trabajo de oficina. Y sí, suena irónico e hipócrita que lo diga yo, porque pensaréis que viajo para intentar huír de ella. 

Lo cierto es cuanto más viajo más cuenta me doy de lo mucho que tenemos que ofrecer. Quizás deberiamos cambiar nuestra manera de ver las cosas, informarnos, estudiar las posibilidades y abrirnos un poco más al mundo. Ver como lo hacen los demás, que funciona y que no y no permitir que nuestra vida gire en torno a Don Dinero. Vale la pena arriesgarse si es para hacer lo que realmente nos gusta y poder levantarse cada día con la ilusión de ir a trabajar.

Porque  los gallegos podemos llegar a cualquier rincón del planeta, hasta somos capaces de colonizar la luna; pero primero debemos abrir los ojos y observar que es lo que el mundo puede ofrecernos a nosotros.  


Foto: Lugo, primavera 2014

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