¿Quién ha dicho que los capones no pueden volar?



Hace unas semanas, el jueves 24 de Noviembre, los americanos celebraban su Thanksgiving en familia. Mi universidad está muy cerca de la frontera (apenas 45 minutos) y por ello cuenta con una elevada cantidad de estudiantes americanos, los cuales no querían perderse la celebración. Así que desde el Club de estudiantes internacionales decidimos celebrar una cena de Acción de Gracias con pavo asado incluído en el que cada uno traería un plato o postre para compartir. Yo hice un flan a la versión canadiense, porque como no tenía caramelo líquido (y por experiencias previas sabía que eso de quemar el azúcar resultaría desastroso) decidí ponerle sirope de arce, que como también es muy dulce daba el pego.


Aquí en Canadá el día de Acción de Gracias se celebra mucho antes, el 6 de octubre, coincidiendo con el día del Descubrimiento de América, y tampoco es una fiesta tan importante. Pero como ya sabéis, a los americanos les gusta hacer todo a lo grande y hasta tienen una semana de vacaciones. Si queréis leer más sobre como se celebra en Estados Unidos, podéis leer este post, que ya hace tiempo que lo escribí pero os haréis una idea. 

Mi amigo Max nos invitó a mi y a un par de amigas a celebrar Thanksgiving con él y su familia en Burlington, Vermont. Entre mis amigas está Carolina, que es de Colombia pero tiene familiares en Albany, Nueva York, los cuales también nos habían invitado a pasar allí una noche. Decidimos "planear" un mini road trip y pasar una noche en Burlington y otra en Albany. Digo "planear" así entre comillas porque hasta tres horas antes de salir no sabíamos muy bien por donde ir primero ni que sitios visitar en Burlington y en Albany. Decidimos no planearlo mucho e ir sobre la marcha.

Después de pasar 30 min buscando el cinturón del asiento de atrás que se había perdido, por fin pusimos camino a la que sería nuestra primera parada: Burlington. Se nos hizo un poco tarde así que cenamos de camino así que al llegar decidimos ir a tomar algo en un bar de las ciudad con los amigos de Max. Resulta que en bar había un grupo rapeando, y como Max y su amigo también rapean, decidieron improvisar con ellos.



¿Sabéis los famosos (y carísimos) helados de Ben & Jerry´s? Comenzaron siendo dos jóvenes hippies que trabajaban en una gasolinera de Burlington y que en sus ratos libres hacían helado ecológico para luego venderlo en la gasolinera. Hoy en día son unas de las marcas más concidas de helado, y su precio se debe a que siguen haciendo el helado en Vermont, con leche local y respetando el medio ambiente.



Burlington, y en general todo el estado de Vermont, no se parece en nada al resto de Estados Unidos. Los carteles gigantescos que tanto abundan en las carreteras del resto del país aquí están prohibidos y apenas hay un par de McDonalds en la ciudad. También abundan las tiendas locales y los negocios familiares lejos de los monopolios de las míticas empresas americanas. 

La gente también tiene una metalidad más liberal y progresista y detesta a Donald Trump. De hecho, en el barrio donde solía vivir mi amigo es donde vive ahora Bernie Sanders, el oponente de Hillary Clinton por la candidatura del Partido Demócrata. Y pensaréi: "Madre mía, el amigo de Nerea tiene que tener mucha pasta, porque para haber vivido en el mismo barrio que uno de los políticos más conocidos..." Pues no, estáis equivocados! Max nos llevó a dar una vuelta en coche por subsodicho barrio y la verdad es que era de lo más normalillo con casas de una sola planta y garage para dos coches. Este Bernie, que campechano que es!



A la mañana siguiente la familia de Max nos tenía un desayuno delicioso preparado. El padre de Max nos ofreció cervezas de Vermont y hasta nos hico Challah, que es un pan que las personas de religión judía suelen hacer a menudo. También estaban las primas de Max y nos contaron que habían descubierto hace poco que su familia procedía de España, pero que con los Reyes Católicos y la Inquisición fueron expulsados y se mudaron a Polonia, desde donde pasaron a Canadá. Os parecerá raro, pero es muy común que tanto los canadienses como los americanos conozcan la historia de sus antepasados y de donde proceden (básicamente porque la inmensa mayoría no son nativos americanos).

Teniamos pensado ver Burlington de día, pero hablando con los padres de Max se nos hizo un poco tarde y tuvimos que irnos. Nos invitaron a volver cuando quisiéramos y nos dijeron eso de  “nuestra casa es vuestra casa”. Teniendo en cuenta que en Vermont hay más vacas que personas puede que sí se sienta una como en casa.









De camino a Albania cogimos un ferry para cruzar el lago y no tener que bordearlo. Nunca había ido en un coche dentro de un ferry, y la verdad fue una experiencia bastante peculiar. Veías como todo se movía a tu alrededor pero sin embargo no tenías la sensación de que tu cuerpo se estuviese moviendo. Al poco rato decidimos bajarnos del coche y hacer un poco el tonto por el barco, dando saltitos para no morirnos de frío.

Tras 4 horas en el coche por fin llegamos a Albania. Allí nos esperaba la familia de Carolina con una paella gigante en la mesa. Los tíos de Carolina son de Colombia aunque han viajado y vivido por todo el mundo. Tienen dos hijas adolescentes encantadoras y muy inteligentes, las cuales saben ingles, y castellano a la perfeccion y ahora están aprendiendo francés. Cuando eran pequeñas pasaron una temporada viviendo en Japón, donde fueron a la escuela y aprendieron algunas palabras y gramática japonesa.

Mientras cenábamos hablábamos de nuestros estudios, de experiencias raras que habíamos tenido al vivir fuera y de varias anécdotas en general.  Sus hijas participaban también en la conversación y era realmente asombroso lo cultas y educadas que eran, era como tener una conversación con alguien de mi edad. Una cosa está clara, de mayor quiero ser como ellas.


Después de cenar y de reírnos de las meteduras de pata que se tienen cuando viajas nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba una de las cosas más increíbles que he hecho hasta ahora:

VOLAR


Sí, ya sé que he volado decenas de veces, pero subirte en un avión de Ryanair no es nada comparado con la sensación que se tiene al estar en la parte delantera de una avioneta y sentir a flor de piel lo pequeño que es todo desde ahí arriba. Los tíos de Carolina son socios de un club de aviación, así que reservaron una de las avionetas para llevarnos de paseo por el cielo de Albania.

Todo iba viento en popa hasta que en pleno aire me dice el tío de Carolina: “ahora pilotas tú”. Cogí los mandos del copiloto y he intenté salir del paso como pude. La verdad es que no era muy complicado gracias a las horas que me pasé jugando al Mario Kart de pequeña. Lo único complicado era controlar la avioneta teniendo en cuenta la dirección del viento, que hacía que el avión se tambalease un poco; pero nada que no se pueda arreglar con unos minutos de práctica. 









Llegaba la hora de volver al aeropuerto, así que Carlos (el tío de Carolina) volvió a tomar el control. Porque todo son risas cuando estar planeando ahí arriba con la calma, pero aterrizar son palabras muchos mayores. Después de tal aventura había que reponer fuerzas, así que fuimos a un restaurante Colombiano para probar la comida típica de su país. Y bueno, las imágenes hablan por si solas, solo de acordarme se me hace la boca agua!

Después de comer dimos un paseo por el centro de Albania, que es la capital del Estado de Nueva York. Además de tener unas oficinas del estado de lo más bonitas y un departamento de Educación que quita el aliento a cualquiera, tiene un teatro en forma de medio huevo que también es muy peculiar. Así a simple vista yo pensé que lo habría diseñado Calatrava, pero parece ser que fue un tal Wallace Harrison. Yo para mí que fueron separados al nacer o algo así.








Nos esperaban 6 horas de carretera para llegar a casa, así que decidimos reanudar la marcha a media tarde. Como Max había conducido todo el viaje de ida me tocaba a mi conducir en el de vuelta (era la única con carnet de conducir internacional). Al llegar a la frontera y para evitar malentendidos dejamos que fuese Max de nuevo el que condujese. Todo fue según lo habitual: bajamos las ventanillas, dimos el pasaporte, contestamos a un plan de preguntas y nos fuimos. Lo gracioso fue al intentar levantar la ventanilla, que por alguna estraña razón se había roto y no subía.

Ya podéis imaginaros el panorama: Canadá, temperaturas bajo cero, en una autovía y con amenaza de nevarada. Yupi. Dicen que al mal tiempo buena cara, así que pusimos la radio a todo volumen, la calefacción al máximo y capas de chaquetas y ropa por encima. Por suerte media hora después conseguimos que la ventanilla se subiese (todavía no sé muy bien como) y menos mal, porque quedaban 3 horas todavía para llegar a casa!


Pasamos un poco de frío, pero ¿qué sería un viaje sin alguna que otro infortunio? A veces los planes más improvisado son los que más te sorprenden. Si os preguntáis que se siente al volar, os diré que en mi caso fue incredulidad. Me costaba creer que era yo quien estaba conduciendo aquel avión por los cielos del estado de Nueva York, que era yo quien había sido acogida por una familia tan amable y generosa y que era yo quien estaba conduciendo un coche por Canadá en pleno invierno y con la ventanilla bajada, a lo loco. Supongo que el truco está en no decir que no a nada y en no aceptar nunca que te digan que no serás capaz de hacer algo. Porque si los "capones" pueden volar, ¿que no seremos capaces de hacer?


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