Querido 2016: gracias.


Se acerca fin de año, y con ello todas esas recompilaciones de los mejores momentos del 2016, artistas fallecidos, noticias más destacadas y hasthtags más twiteados. Es momento de recordar pero también de hacer planes para el futuro 2017, que si resulta ser tan bueno como el 2016 entonces ya no sé ni que más se le puede pedir a la suerte. 

Sí, este 2016 ha estado cargado de viajes y aventuras. En febrero viajé sola por primera vez, a París, la ciudad del amor, en plena época de San Valentín y parejitas cogidas de la mano por la calle. Pero, ¿acaso no se puede celebrar también el amor hacia uno mismo? ¿O eso es simplemente el consuelo de los viajeros culo inquieto que nos quedamos más solos que la una de tanto ir de aquí para allá? Después llegó Mallorca, las aventuras en coche por los Pirineos, un verano en Santiago de Compostela y por fin Canadá, el comienzo de una nueva etapa. Quebec, Saguenay, Montreal, Boston, Burlington, Albania, New York, Washington, Filadelfia, Orlando, Miami y finalmente mi hogar al otro lado del atlántico, Indiana. 





El 2016 trajo momentos que ni yo misma creí que llegaría a vivir y experiencias de las cuales es mejor reirse que llorar. He pasado frío, mucho frío, pero también calor, mucho calor. He reído y he llorado; he visto atardeceres, dormido bajo las estrellas y muchas otras cosas que quedan tan bien cuando las escribes, pero todavía quedan mejor cuando las experimentas en tus propias carnes. El 2016 me trajo amores y desamores, decepciones e ilusiones, oportunidades y sobre todo lecciones. 

Porque viajar es aprender; y Bishop´s me ha enseñado que no podemos dejarnos guiar por las aparencias o los prejuicios; Albania que si el cielo es el límite no hay nada que me impida surcar entre sus nubes. En París aprendí lo mágico que es viajar con la única compañía que uno mismo y en Miami la felicidad que te aporta estar rodeado de las personas que quieres. Nueva York me mostró que las metas las decide uno mismo y Saguenay que si consigues llegar a la meta, entonces ve más allá; más allá incluso de donde terminan las carreteras. 




Si algo hay que destacar del 2016 es las personas que han estado siempre a mi lado sin saberlo y con las que he vuelto a conectar, amigos que todavía permanecen cerca a pesar de la distancia y nuevas amistades. Este año he aprendido cual era mi sitio, a pesar de todo lo viajado, porque un hogar es donde están las personas que importan y eso es algo que se lleva en el corazón y viaja siempre contigo. Pero sobre todo me he dado cuenta de que no estaría aquí haciendo todo lo que hago si no fuese por mis padres, y sobre todo por mi madre, que me ha enseñado que si los otros pueden, ¿por qué no yo también?

Y sí, este es un post cargado de frases ñoñas y tópicos bonitos, pero es lo que se hace en fin de año, ¿no? Así que gracias, querido 2016, por enseñarme lo que es la amistad y el amor, a esperar lo inesperado, a apreciar cada momento y cada segundo, ya sea de tristeza o de felicidad, y sobre todo a vivir no la suerte que nos toca, sino la que nosotros mismos decidimos.









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