La aventura continúa: Washington DC & Filadelfia


Cómo ya sabréis, estas navidades me he dedicado a viajar y a recorrerme la Costa Este de Estados Unidos. Veamos, ¿dónde nos habíamos quedado?... Ah, sí! En Nueva York! Si no habéis leído mi última entrada podéis hacerlo pinchando aquí, os recomiendo que lo hagáis antes de empezar a leer esta para que sepáis de que va todo. 



Nueva York era genial, pero la aventura continuaba y Washington me esperaba! En esta ocasión no iba sola, si no que me acompañaba Lara, otra española loca que como yo había decido estudiar en Canadá. Seguramente su cara os resulte familiar, fue una de las chicas que me acompañó en mi aventura por los aires en Albania. Ella llegaba el sábado por la noche en coche y decidimos quedar nada más y nada menos que en el McDonalds de Times Square. Nos alegramos mucho al vernos y nos pusimos a hablar sin darnos cuenta que el tiempo jugaba en nuestra contra. 


Así fue, que cuando nos dimos cuenta eran ya las once y todavía teníamos que caminar hasta la estación de autobuses. Fue en ese momento cuando me di cuenta que ya no era una turista en Nueva York; a pesar de la brevedad se había convertido en mi ciudad. Llegamos a la estación sin necesidad de mapas y con la pistola en el culo salí corriendo hacia el metro. Había dejado las maletas en el hostal y como sólo tenía 45 minutos para ir a buscarlas decidimos que Lara se quedaría en la estación con sus maletas mientras yo corría a por las mías.



No sé por qué siempre y por mucho que lo intente siempre termino corriendo para no perder el bus o el avión; siempre me quejo y nunca aprendo, creo que ya forma parte de mi manera de viajar y de mi yo. Mientras corría por el metro de Nueva York y saltaba de una línea a otra con la puerta del vagón cerrandose a mis talones me dí cuenta de que Manhattan era mío. Ya no necesitaba un mapa del metro e ir corriendo entre las múltitudes era el grand finale a mi particular comedia romántica en la Gran Manzana (pero sin el romance). 

Conseguimos subirnos al autobús por los pelos y al ser las últimas nos tocó sentarnos en los asientos al lado de una ventana que no cerraba. A un señor se le ocurrió la genial idea de sujetarla con el cinturón de seguridad y el cinturón de su pantalón, pero aún así entraba un frio de la leche. Ya sabéis, a grandes males, grandes remedios; así que me tapé la cara con la capucha para que no se me congelase y me puse a hacer lo que más me gusta hacer en cualquier medio de locomoción: dormir.



Por suerte a medio camino nos arreglaron la ventana y cinco horas después llegamos a la capital estadounidense: Washington DC. Lo primero fue llevar las maletas a casa de Kevin, un amigo de Erin que vivía allí y que nos acogió muy amablemente. Después de una relajante ducha y de comer un poco nos pusimos a patear calles. 

Siempre que viajo a alguna ciudad siento una curiosa atracción por visitar el barrio chino. Puedo decir con orgullo que he visto algunos cuantos, siendo el de Nueva York el más grande he impresionante; pero desde luego el de Washington se lleva el premio al más elegante. Normalmente los barrios chinos suelen tener negocios familiares de clase baja- media, pero en el caso de la capital estadounidense destacan los restaurantes elegantes y las tiendas de ropa cara. Lo que me llamó la atención es que las tiendas de ropa eran de compañías americanas conocidas internacionalmente, como Loft, American Eagle y Hollyster; pero eso sí, con los letreros en chino, así para darle más ambientillo asiático.




Una de mis mayores aficciones es probar comidas diferentes, y la comida asiática se encuentra entre mis favoritas. Si como yo sois unos apasionados de la comida y tenéis la oportunidad de visitar algun Chinatown os recomiendo que comáis en algún restaurante pequeño y familiar, donde encontraréis comida china "poco americanizada/europeizada". Si tenéis la oportunidad de viajar a la propia China entonces me dáis mucha envidia.


Tuvimos que resistirno a entrar a un restaurante de tapas español, y ganas no nos faltaron porque como se echa de menos la tortilla y la paella! Pero que queréis que os diga, un restaurante español en Estados Unidos pero que tiene el letro en chino resulta cuanto menos curioso (y sospechoso). 





Después de reponer energías fuimos al Museo de Archivos Nacionales, donde se encuentra la copia original de la Constitución de los Estados Unidos, la Declaración de la Independencia y el famoso Bill of Rights (Declaración de los derechos) con sus diez enmiendas originales. Como cabía de esperar estaban custodiados por una decena de guardias que no dejaban sacar ni una foto, así que no puedo enseñaros ninguna foto del interior del edificio.

Aunque pueda pareceros un coñazo y muy aburrido lo cierto es que fue interesante, y me hizo acordarme de cosas que ya había estudiado en New Palestine sobre la Historia Americana. Lo único que me disgustó fue que no seguía un orden cronológico, sino que estaba todo mezclado y pasabas de Martin Luther King a Linco y después otra vez a Rosa Parks. De todas maneras mereció la pena, y la entrada era gratuita (os he dicho ya que gratis es mi palabra favorita?). 




A la salida pasamos por la tienda de souvenirs, que tenía todo tipo de artilugios con la cara de Donald Trump estampada, esperando a que su nuevo Presidente se mudase a la Casa Blanca. No os contaría esto si no fuese porque tenían también una sección de rebajas dedicada a Hillary Clinton. Se ve que los habitantes de Washington no son grandes fans de Trump y tenían casi claro que ganaría la oponente demócrata. Por ello antes de las elecciones comenzaron a fabricar cientos de merchandaisinng para tenerlo todo preparado para cuando saliese elegida presidenta. Los pobres se llevaron un chasco y tuvieron que ponerlo todo de rebajas, aunque ahora se ha convertido un icono de lo que podría haber sido pero no fue. 




Al día siguiente se nos pegaron un poco las sábanas ya que la noche anterior no habíamos dormido mucho (os recuerdo que la pasamos en un autobús, con una ventana que no cerraba y bajo cero). A media mañana fuimos a ver la Casa Blanca, que en realidad es más pequeña de lo que parece en la tele y en las películas, posiblemente porque los soldados no te dejan pasar y tienes que verla desde lejos. 

Intentamos ir a la vieja Torre de Correos ya que habíamos leído que había unas vistas espectaculares desde allí. Lamentablemente Trump la había comprado hacía poco y la estaba convirtiendo en un Hotel de mucho mucho lujo, así que no se podía subir. Le debimos de dar penita al soldado que vigilaba la puerta (que por cierto era muy guapete) y nos dejó entrar al vestíbulo del hotel. No sé si Trump será buen presidente o no, pero desde luego como decorador es de lo mejorcito!








Justo en frente de la Casa Blanca se encontraba el Monumento a Washington (el famoso pirulo blanco vamos). Hacía un día precioso y nos entretuvimos sacando fotos en poses raras con el monumento. Después paseamos por los jardines del Capitolio pero sin llegar a verlo de cerca ya que yo tenía muchas ganas de ver al señor Lincoln antes de que oscureciese.

Aquel atardecer fue algo mágico, y más bonito todavía con el reflejo en la piscina reflectante, que se encuentra entre el monumento de Washington y el de Lincoln. Siendo una loca apasionada de los colores del atardecer y de la fotografía nos pasamos un buen rato sacando fotos y disfrutando de las vistas de la piscina congelada. Después por fin fuimos a ver a mi queridisimo Lincoln, el que tanto había salido en mis clases de Historia Americana y en tantas películas americanas. Si bien muchos monumentos decepcionan al verlos por ser más pequeños de lo esperado, el de Lincoln impone todavía más. Desde luego una de mis partes favoritas de Washington. 










Al día siguiente tomamos un bus a Filadelfia con la esperanza de ver al Príncipe de Bel Air jugando al basket por allí, pero a mucho pesar no fue así. Sin embargo sí que pudimos subir las escaleras del famoso Rocky Balboa que están justo en frente del Museo de Arte de Filadelfia. Como mi vuelo salía desde Filadelfia tenía que llevar la maleta arrastras (Lara se volvía a Washington), así que en mi caso el esfuerzo fue doble porque tuve que subir las escaleras con la maleta que para que os hagáis una idea pesaba 20 kilogramos. Vamos, que a mi lado el Balboa ese es un mindundi. En realidad no porque la maleta la iba arrastrando; o ella me arrastraba a mí ... no sé, todavía no lo tengo muy claro.




Seguimos paseando por Filadelfia, que en su día fue la primera capital de Estados Unidos y donde se gestó y organizó la independencia de las colonias británicas. Seguro que os sonará la famosa estatua de "Love", que se encuentra aquí en Phily. Es que al parecer Filadelfia es la ciudad del amor fraternal o entre hermanos (philos es amor en griego y adelphos hermano) ya que fue erguida como un refugio de tolerancia religiosa. Como no, parada obligatoria en el Chinatown de Filadelfia para merendar.

Paseando por Phily se nos hizo tarde y de nuevo corriendo con la maleta para llegar al aeropuerto. Cogí el tren por los pelos y me despedí de Lara con un "que no llegoooo". Supongo que es mi manera de decir "hasta pronto, nos vemos en España!". A duras penas conseguí llegar a tiempo al aeropuerto, y menos mal que había un retraso y el avión salía más tarde, que sino sí que no llegaba.


(esta imagen no es mía, se me quedó la cámara sin batería)




Me subí al avión con una maleta destrozada por los traqueteos que lleva la pobre y con el corazón lleno de recuerdos de Nueva York, Washington y Filadelfia. Me encanta ver edificios, museos de arte y pasear por las calles de otras ciudades pero sin duda lo bonito de viajar es correr detrás de autobuses, conocer gente nueva y verte inmersa en situaciones extrañas que hacen que la aventura se vuelva mágica.

Como habréis notado saco miles de fotos, pero hay algo en cada ciudad o sitio que visito que no se puede capturar en una fotografía sino que permanece en huequecito dentro de mi mente y de mi corazón. Solo espero tener suficiente disco duro como para poder capturar muchas más fotografías y suficiente memoria como para retener muchos más momentos inolvidables. Por que la aventura no termina aquí, sino que continúa, es algo que espero que nunca termine. Aunque por el momento, la aventura continúa en Miami!


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