Volver por Navidad, pero ¿a dónde?



Sí, lo sé lo sé, hace ya tiempo que fue Navidad; parece un poco raro que esté hablando ahora de algo que pasó hace un mes. Lo cierto es que volver a la universidad ha resultado en un completo caos: no aparecía en las listas de clases, iba a clases que no eran las que me correspondían y en otros casos se me solapaban los horarios. Así que este medio mes que llevo de clases se puede resumir en cincuenta mil visitas a la orientadora de la universidad, quien seguramente haya pasado más horas conmigo que con sus hijos. Pero bueno, por suerte ya está todo arreglado y puedo volver a mi vida productiva de estudiante.



Anyway, nos habíamos quedado en un avión en Filadelfia camino de Orlando, Florida. Allí me esperaban mis queridos Amones al completo (Jonh, Erin, Reina, Hallee y Kohlee) que habían decidido ir a pasar las navidades a casa de unos familiares, los mismos con los que pasamos Spring Break hace cinco años. Me hizo mucha ilusión volver a ver a mi familia americana y también a Megan, con la que todavía había mantenido el contacto durant estos años. Por si sois nuevos en el blog o no os acordáis, Megan es la prima de Erin y tiene mi edad. Fue con ella con quien fui a Disney World, podéis leer más sobre mi visita al lugar donde los sueños se hacen realidad pinchando aquí.

Mis padres americanos habían alquilado un apartamento durante cuatro días cerca de Miami para poder ir a la playa e intentar pillar algo de moreno. El hermano de Jonh y su familia también habían alquilado una casa a diez minutos de la nuestra, así que al final sí que resultaron ser unas vacaciones navideñas en familia.






La zona donde estábamos se llamaba Fort Lauderlade y al parecer era el destino vacacional preferido por los Canadienses. Aquello estaba lleno de coches con matrículas de Quebec; y para que os hagáis una idea, Quebec está a 25 horas en coche de Fort Lauderdale. Pero merece la pena tantas horas de coche para poder relajarse en ese paraíso caribeño lleno de "good vibes".

Resulta un poco irreal estar en la playa en pleno diciembre, rodeada de palmeras decoradas con luces navideñas y gente con gorro de Papa Noel en bañador; no parecía que fuese Navidad. A pesar de ello, la "magia" de la navidad seguía estando muy presente, tanto, que hasta tuvimos un encuentro con un Santa Claus particular.

Nos dimos cuenta que Reina había perdido su anillo en la playa cuando ya estabamos volviendo al apartamento, y aunque volvimos para intentar encontrarlo, era una tarea tan imposible como encontrar una aguja en un pajar. Para Reina el anillo significaba mucho ya que era una de esas piezas que se pasan entre generaciones y había pertenecido a su tatarabuela. Se hizo de noche mientras buscabamos el anillo, así que nos tuvimos que volver con las manos vacías.

Al día siguiente hubo una de esas lluvias tropicales con chaparrones de agua, así que supusimos que sería inútil volver a la playa a intentar buscar el anillo porque el agua seguramente lo habría arrastrado hacia el mar. Dos días después volvimos a la playa y por pura coincidencia nos encontramos a un señor con un detector de metales que parecía ser la versión veraniega de Papa Noel. Bañador rojo, barriguita cervecera y barba blanca hasta el pecho; nuestro Santa Claus particular comenzó a rastrear la zona donde nos habíamos sentado con su detector de metales. Minutos después y tras un "Pipipipi" que nos hizo dar un saltito de esperanza, encontramos el anillo bajo una montaña de arena. Sí, puede decirse que fue el perfecto milagro de Navidad, allí, en la costa de Miami, por muy estraño y fuera de lugar que parezca.






Al día siguiente y ya más animados por haber encontrado el anillo decidimos ir al Parque Nacional de los Everglades. En Florida solo existen dos estaciones: la húmeda y la seca. Diciembre pertenece a la estación seca, que parece ser la mejor para observar vida salvaje. Los pájaros del norte migran hacia las temperaturas cálidas del sur y los caimanes y demás reptiles salen a la superficie para tomar el sol y calentarse (son de sangre fría y necesitan pasar más horas al sol).

Sorprendentemente, vimos un montón de caimanes, tortugas y aves enormes y los más raro es que no había ni una valla. Teníendo en cuenta lo escandalosos y protectores que son los estadounidenses, me llamó mucho la atención que dentro del parque no hubiese vallas que te protegiesen de los caimanes (o más bien a los caimanes de la estupidez humana).

Para rematar nuestra visita, ¿qué mejor que nuggets de caimán?










Después volvimos a Orlando para celebrar el 25 de Diciembre con la familia de Erin y pasar unos días con ellos. Después de pasar tres meses en un ambiente universitario sienta bien una dosis de familia, comida casera y juegos de mesa. En esta ocasión no fuimos a Disney World porque ya habíamos estado y en Navidades eso se llena de gente alocada dispuesta a pagar 110$ por persona. Aprovechamos para visitar la villa de Disney World, que en teoría una especie de "pueblecito" inspirado en Disney justo a las afueras del parque de atracciones; aunque en realidad es un centro comercial al aire libre lleno de tiendas que te intentan meter el merchandaising por los ojos. 

No todo era Disney, también había una tienda de Coca Cola, Levi´s y hasta Zara. Sí señoras y señores, un Zara en Disney World. Es sorprendente ver lo mucho que se ha expandido Inditex, hace 5 años casi nadie conocía la marca en Estados Unidos y ahora hay una tienda hasta en la villa de Disney World. Y al contrario de rumores y cultura popular que dicen que es mucho más caro que en España, la de Disney tenía los mismos precios y más rebajas.







Aprovechamos también para pasear por el centro de Orlando, que en sí no es una ciudad tan grande como me había imaginado. Me llamó la atención el anfiteatro al aire libre de colorines; ese que véis en las imágenes. Megan me explicó que antes era azul, pero que tras el tiroteo en un club homosexual de la ciudad el pasado año decidieron pintarlo con la bandera del orgullo gay como señal de respeto. Pleno siglo XXI y todavía seguimos pensando que podemos decidir como los demás tienen que ser, sentir o pensar; como si tuviesemos alguna idea de que es correcto y que no, cómo si existiese "lo correcto".

Pasamos cuatro noches en Orlando y después pusimos rumbo al norte de Florida para ver a los padres de John. Los abuelos Amones son unos "snow birds", que es como se le llama a la gente que pasa el invierno en el sur, tal como hacen las aves que emigran cada año hacia temperaturas más cálidas. Y bueno, los abuelos de John son todo lo que quiero ser yo cuando me jubile: vivir en una caravana y recorrer el país. 

Aprovechando que estaban al lado de un río lleno de caimanes (como cualquier lago, río o incluso piscina de Florida) alquilamos un barco por unas horas. Seguramente los primeros exploradores que llegaron a estas tierras desde España se quedaron sorprendidos con todas las especies de fauna y flora tan diferentes que hay por aquí: cientos de caimanes, tortugas de todos los tamaños, docenas de pájaros diferentes... hasta Manatees! No pudimos ver ninguno porque son muy escurridizos y normalmente tienes que bucear para poder verlos, pero ahí están. Lo que más me gustó por muy friqui que suene es el aire tan sureño y de cuento que tienen los árboles aquí debido a la "Spanish Moss" (musgo negro).







Todo lo bueno llega a su fin, y para nosotros el viaje terminaba con 16 horas en un coche lleno de gente y con los culos apretados. Para mí continuaba, ya que estaría dos semanas más en Indiana antes de volver a Montreal. Esos quince días me los tomé un poco como "retiro", alejada de las redes sociales y de la cámara de fotos. Los dediqué a disfrutar de mi familia americana y de mis viejos amigos del instituto de New Palestine. 

La verdad es que suena raro eso de pasar fin de año con viejos amigos del "high school". Para mí fin de año es una noche en la que sales de fiesta y ves a todo el mundo conocido por las calles de Lugo. Sigo sin creerme que me pase lo mismo aquí al otro lado del océano, por las calles de Indianapolis. Sigo sin creerme que algo tan típico como pasar las vaciones en familia se pueda hacer en un lugar tan irreal para mí como lo son las playas de Miami. 

Pero si algo he aprendido durante este tiempo viajando es que te puedes sentir como en casa en cualquier lugar del mundo, siempre y cuando estes rodeado de aquellos a los que quieres y te quieren. Sí, puede decirse que estas vacaciones he aprendido lo importante que es rodearse de gente que te anime y te empuje a seguir a delante, gente de la que poder aprender e inspirarse y gente que te quiera por cómo eres. Es la gente la que hace que una ciudad como Nueva York se convierta en casa por unos días o que pasar las Navidades en la playa sea lo más normal del mundo.

Si Nueva York es un sentimiento y no una ciudad, entonces volver a casa por Navidad es volver a tus seres queridos. Porque al fin y al cabo, el hogar está donde está el corazón, y volver a casa por Navidad siempre es buena idea.



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